Salgo por la puerta. Un pasillo, lleno de gente, sus voces me aturden, por la cabeza solo me pasan las palabras “insustancial” y “aglomeración”, y la imagen de dos dedos levantados en señal, creo, que de desaprobación. Tengo los ojos medio cerrados, la mente semi-vacía, el corazón palpitando a un ritmo extenuante y las suelas de las zapatillas desgastadas de andar puliendo el suelo. Golpes, empujones, risas, fragmentos de conversaciones triviales y estúpidas, chasquidos de dedos, respiraciones pesadas, melenas de pijas insoportables volando impulsadas por sus cuidadas y sobrehidratadas manos, chistes, miradas cruzadas, genios de la informática que apestan porque lavarse no se hace on-line, escaleras...
Escaleras que no veo por ir con la cabeza en las nubes y apunto estoy de caerme. Maravilloso. “Agárrate al pasamanos, subnormal” pienso, y espero no haberlo dicho en voz alta. Aunque nadie me habría oído con este agobio. Tengo que salir de aquí. Es horrible.
Calle, por fin. El sol, frío, pero el sol al fin y al cabo. Menos es nada. Corre el viento, llevo toda la mañana soñando con él. A ver si con suerte me lleva volando a otro sitio, a otro sitio lejos de aquí. Voy a decírselo a alguien. Alargo la mano y agarro el primer brazo que veo. Era una chica que se estaba echando hacia atrás el pelo. Me quedo trabado.
No, no creo que sea buena idea parar a alguien y decirle esa gilipollez. “Invéntate algo, corre, estúpido”.
...
-¿Quieres tomar un café, o una horchata, o algo?
-¿Una horchata?
-Si no tienes nada mejor que...
-Vale.- Me sonríe. Tiene una sonrisa preciosa.
Y así, chicos, es como conocí a vuestra madre.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
Tomorrow
Te amo, y la sangre me cae por la barbilla mientras lo digo. Donde acabas de poner tu puño pones tu boca para regalarme un beso. Mi lengua, que intenta olvidarse de ti, busca tu boca, para borrar a lametones todo lo que dijiste. Por mi parte, ya está todo ahogado en alcohol y humo. Tus manos en mi cuello me recuerdan el juego del ahorcado en el que siempre pierdo pero nunca quiero ganar. Te clavo la mirada como si de verdad hiciera daño pero sin querer se me escapa un esbozo de cariño. Nuestros pies se enzarzan furiosos dándose patadas y acariciándose a la vez. Te araño con todo lo que puedo porque pienso que si no lo hago te olvidarás de mi en cuanto salgas por la puerta. Y mientras me muerdes el labio, mientras me lo desgarras, no se si intentas matarme o sólo crear un recuerdo que nunca se te olvide. Me clavas la rodilla en el vientre mientras me sigues besando como si no hubiera mañana. Ojalá no lo hubiera. Y no lo habrá si no queremos.
Sabor a sangre fresca, no te vayas nunca para recordarme el daño que hace. O mejor, vete a tomar por saco mientras saboreo su cuello, y no se te ocurra volver.
Pero siempre hay mañana.
Sabor a sangre fresca, no te vayas nunca para recordarme el daño que hace. O mejor, vete a tomar por saco mientras saboreo su cuello, y no se te ocurra volver.
Pero siempre hay mañana.
viernes, 1 de octubre de 2010
Hide the truth forever
Te beso el hombro, mientras duermes. Pienso en que quizás te quiero, pero no sé si decirlo. Son palabras, solo palabras que se lleva el viento. Mañana no recordarás que las dije y yo me preguntaré destrozado si no puse el énfasis suficiente en decírtelas, o si debería haberme callado y ceñirme a esas estúpideces que quedan que te cagas en las películas románticas. Porque las cosas que se piensan nunca quedan bien en voz alta.
¿Y que ha sido esto? Para tí, una noche perdida entre las sábanas de un payaso. Para mí, un sueño húmedo aderezado con náuseas matutinas de arrepentimiento. Recogerás tu olor y tu recuerdo, y yo te espiaré dormido mientras te escabulles. Y luego saldrás a la calle pensando sólo en lo lejos que tuviste que aparcar anoche porque en mi barrio es muy difícil encontrar un sitio cerca del portal. Y yo saldré mirando al cielo, cegándome por la luz y recordándote con una sonrisa y una pizca de odio porque pisaste mis gafas de sol cuando te conocí. Y ese será el único recuerdo que tengamos el uno del otro, nada más que una pincelada de lo que podría haber sido una relación amor-odio, difuminada en una noche llena de anécdotas que se nos olvidarán.
Estas historias no tienen un bonito desenlace. Simplemente, tienen un desenlace. Un desenlace que normalmente se pierde en el olvido. Y lo de las náuseas matutinas no es por ti, creeme. He visitado pocos cuerpos tan acogedores como el tuyo. Por no decir ninguno.
Odio esto, y no sabes lo mal que me siento. Pero es mi pequeño infierno privado aquí en la tierra. Eso de salir, conocer a una chica guapa, invitarla a una copa, y luego convencerla sin decir nada de que puedo ser más de lo que aparento. Después, perdernos el uno en el otro. Y después, preguntarme que demonios estoy haciendo con mi vida.
Ahora mismo estoy ardiendo, y quemando mis pulmones. Pero es que no sabes lo bien que sienta ese saborcillo en la lengua. Y el olor... Es como si estuviera haciendo una barbacoa. Y pensando en por qué hemos acabado así de juntos y desnudos. Sómos jóvenes, pasamos de ataduras y aguantar a alguien y no poder dormir con nadie más... eso es para idiotas. No aguantaríamos la presión.
Quizás si te dijera todo esto marcaría una diferencia entre todos los demás payasos de una noche de tu vida, y te pica la curiosidad por saber cómo podría ser como payaso a tiempo completo. Y ya sabes, toda esa mierda que implica: llegar a conocernos, aguantarnos, salir con los amigos del otro, comerse los celos y las ganas de responder a las insinuaciones... Pero por otra parte eres una chica muy agradable, y aunque las consecuencias sean horribles, creo que aguantaría el no poder dormir nunca con otra persona.
A pesar de todo lo que pudiera ser, nunca te lo diré en voz alta. En mi cabeza suena mejor. Quizás te quiero. Adiós, desconocida.
¿Y que ha sido esto? Para tí, una noche perdida entre las sábanas de un payaso. Para mí, un sueño húmedo aderezado con náuseas matutinas de arrepentimiento. Recogerás tu olor y tu recuerdo, y yo te espiaré dormido mientras te escabulles. Y luego saldrás a la calle pensando sólo en lo lejos que tuviste que aparcar anoche porque en mi barrio es muy difícil encontrar un sitio cerca del portal. Y yo saldré mirando al cielo, cegándome por la luz y recordándote con una sonrisa y una pizca de odio porque pisaste mis gafas de sol cuando te conocí. Y ese será el único recuerdo que tengamos el uno del otro, nada más que una pincelada de lo que podría haber sido una relación amor-odio, difuminada en una noche llena de anécdotas que se nos olvidarán.
Estas historias no tienen un bonito desenlace. Simplemente, tienen un desenlace. Un desenlace que normalmente se pierde en el olvido. Y lo de las náuseas matutinas no es por ti, creeme. He visitado pocos cuerpos tan acogedores como el tuyo. Por no decir ninguno.
Odio esto, y no sabes lo mal que me siento. Pero es mi pequeño infierno privado aquí en la tierra. Eso de salir, conocer a una chica guapa, invitarla a una copa, y luego convencerla sin decir nada de que puedo ser más de lo que aparento. Después, perdernos el uno en el otro. Y después, preguntarme que demonios estoy haciendo con mi vida.
Ahora mismo estoy ardiendo, y quemando mis pulmones. Pero es que no sabes lo bien que sienta ese saborcillo en la lengua. Y el olor... Es como si estuviera haciendo una barbacoa. Y pensando en por qué hemos acabado así de juntos y desnudos. Sómos jóvenes, pasamos de ataduras y aguantar a alguien y no poder dormir con nadie más... eso es para idiotas. No aguantaríamos la presión.
Quizás si te dijera todo esto marcaría una diferencia entre todos los demás payasos de una noche de tu vida, y te pica la curiosidad por saber cómo podría ser como payaso a tiempo completo. Y ya sabes, toda esa mierda que implica: llegar a conocernos, aguantarnos, salir con los amigos del otro, comerse los celos y las ganas de responder a las insinuaciones... Pero por otra parte eres una chica muy agradable, y aunque las consecuencias sean horribles, creo que aguantaría el no poder dormir nunca con otra persona.
A pesar de todo lo que pudiera ser, nunca te lo diré en voz alta. En mi cabeza suena mejor. Quizás te quiero. Adiós, desconocida.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Use me, I don't need your sympathy. Take one.
-¿Me quieres?
Separa sus labios de los tuyos para preguntártelo. La miras a los ojos, y la respuesta cruza rápidamente por tu cabeza. Pero no, no puedes decir eso. No puedes porque todas esas sensaciones que hace un momento estaban electrizando tu piel se acabarían, se irían dejando su idílico perfume como única prueba de lo que ha pasado hoy aquí. El calor... Ese calor es indescriptible, y ¿cómo renunciar a él? Se siente demasiado bien. No sabes muy bien cómo llegó hasta tí y porqué demonios te pregunta eso si os conocisteis veinte minutos antes. Luego, diez de miradas hambrientas y cinco de charla sobre de qué conocéis a la novia o al novio poniendo la voz más sugerente que podéis. Después, le mordiste el labio y ella lamió tu lengua, lo que se convirtió en un ciclo que repetisteis varias en cada uno de los rincones y detrás de cada cortina que encontrasteis de camino a los baños. No fue un momento mágico, no es la cumbre del romanticismo. Es aquí y ahora. La estás usando, y ella a ti, sólo para olvidar la soledad durante una noche. Y ahora, te ha dejado desconcertado. Pero que no lo note. La miras a los ojos, como si estuvieras alargando la respuesta para darle más emoción cuando en realidad no sabes ni cómo contestar. Pero el calor es demasiado agradable. Dos idiotas solitarios que se refugian esta noche en los labios del otro. No, no la quieres . Pero no, no quieres que se acabe el momento, porque fuera hace un frío que te cagas. Entonces, ¿Que le dices? Pues lo mismo que le dice un hombre con dos penes a su sastre cuando le pregunta si carga hacia la izquierda o hacia la derecha:
-Si.
(Thanks, Lucky number Slevin)
Separa sus labios de los tuyos para preguntártelo. La miras a los ojos, y la respuesta cruza rápidamente por tu cabeza. Pero no, no puedes decir eso. No puedes porque todas esas sensaciones que hace un momento estaban electrizando tu piel se acabarían, se irían dejando su idílico perfume como única prueba de lo que ha pasado hoy aquí. El calor... Ese calor es indescriptible, y ¿cómo renunciar a él? Se siente demasiado bien. No sabes muy bien cómo llegó hasta tí y porqué demonios te pregunta eso si os conocisteis veinte minutos antes. Luego, diez de miradas hambrientas y cinco de charla sobre de qué conocéis a la novia o al novio poniendo la voz más sugerente que podéis. Después, le mordiste el labio y ella lamió tu lengua, lo que se convirtió en un ciclo que repetisteis varias en cada uno de los rincones y detrás de cada cortina que encontrasteis de camino a los baños. No fue un momento mágico, no es la cumbre del romanticismo. Es aquí y ahora. La estás usando, y ella a ti, sólo para olvidar la soledad durante una noche. Y ahora, te ha dejado desconcertado. Pero que no lo note. La miras a los ojos, como si estuvieras alargando la respuesta para darle más emoción cuando en realidad no sabes ni cómo contestar. Pero el calor es demasiado agradable. Dos idiotas solitarios que se refugian esta noche en los labios del otro. No, no la quieres . Pero no, no quieres que se acabe el momento, porque fuera hace un frío que te cagas. Entonces, ¿Que le dices? Pues lo mismo que le dice un hombre con dos penes a su sastre cuando le pregunta si carga hacia la izquierda o hacia la derecha:
-Si.
(Thanks, Lucky number Slevin)
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