sábado, 28 de mayo de 2011

SOMA

Motor en marcha, modo zombie “on”, y todas las estrellas que no alcanzo a ver para comentar la jugada. En cambio, me fijo en las líneas rectas de la carretera, las ojeras que me gasto en el espejo retrovisor, las luces de freno del coche de delante... esa clase de cosas que miras cuando acabas de salir de la cama más impresionante del mundo con la compañía más impresionante del mundo.
Lástima de los veinte kilómetros que separan nuestros parpadeos, de tener que huir antes de que llegue su marido, de pasarme la mañana enterrado en montañas de archivos de hace noventa años y sobre todo de que, después de seis años haciéndomelo, siga dejando al descubierto el botón de detrás del nudo de la corbata. Si no, sería una vida perfecta.
Mientras conduzco sueño con cosas de esas que me gustaría hacer antes de morir, como escribir un libro, plantar un árbol, viajar a Nueva York, hacerme una foto empujando la torre de Pisa, ver en las noticias que Pitbull se ha quedado afónico para siempre, tener un hijo y volcar en él mis frustraciones profesionales... Y sobre todo ganar la lotería y presentar mi dimisión al jefe con una sonrisa y un cartel que ponga: me estoy tirando a tu mujer.
Pero eso, los sueños, sueños son.
Y cuando despierto sonrío.

Martha

Trago saliva y marco el número que tiembla garabateado en un papel entre mis dedos:
-¿Hola? ¿Estás ahí? Bueno, ya se que no, que es un contestador de esos de ahora...-Trago saliva, otra vez.- ¿Cómo va todo? Llámame cuando puedas, tengo muchas ganas de hablar contigo. ¿Cuándo fue la última vez? ¿En el dos mil... doce? ¿Cuanto ha pasado? ¿Cuarenta años? ¿Más?- Río con cierta tristeza. Después resoplo un momento.- Me enteré de que te casaste al final, y tuviste un crío. Me lo dijo Douglas Connolly, ¿lo recuerdas? Dios,- digo entre risas- ¡que raro era de joven ese tipo! Y ahora sigue igual, no te creas. Lo volví a ver hace poco paseando por el parque que hay al final de la manzana.
"¡Ah, claro, tu no lo sabes! Mis padres se mudaron a Florida, y me dejaron su casa. Y, claro, vine aquí. Bueno, ahora ya no estan en Florida. Mi padre murió hace ya siete años, y mi madre vive aquí con nosotros... ¿Tu sigues viviendo en Milwaukee? Es lo último que supe, por Doug, creo que ya te lo he dicho. Espero que sí, así podría ir a verte un día de estos, con mi mujer.
"¿Sabías que me casé? Con una chica que conocí al mudarme a Chicago. Tengo dos chavales, pero ya están casados y ni se preocupan de venir a ver a su viejo- Me río una vez más.- El mayor y su mujer me recuerdan a nosotros. ¿Te acuerdas de lo del columpio?- Me río tanto con esto que se me escapa una lágrima y dejo de hablar unos segundos.- Pero ellos siguieron adelante. Ahora tienen un crío, Rob, se llama. Nació hace un par de meses, en enero. Una ricura de chaval. ¡Y mi primer nieto!
"¿Recuerdas la receta de la carne aquella que hacía mi madre? ¡Pues al final aprendí a hacerla!
-¿Hola?
-¿Hola?
-¿Quien es usted?
-¿Es usted familiar de Alison?
- Si, soy su hija.
- Ah, ¡tuvo una hija! - se me marca la alegría en la cara.- Espero que hayas heredado su sonrisa. ¿Y está ella por ahí?
- Eh... no. Has esperado demasiado, Adam. Ha muerto.
-¿Cómo?¿Le he dicho mi nombre?¿Alison no está ahí?
- No.
-Espera... Yo no he vivido nunca en Chicago. Ni en Estados Unidos.
-Eso no lo he dicho yo. Estás tan viejo que has perdido la memoria, Adam. Muérete.
-...-Me concentro en respirar. Los ojos se me cierran.
-Lo siento Adam. Esperaste demasiado.


Me despierto raro, revuelto.
Cuando miro el reloj son las ocho y cuarto. Creo que he dormido, pero no porque haya descansado, sino porque tengo la vaga sensación de haber soñado con algo.

Lost in time

Después de la masacre, solo quedaron tus tacones, tu pañuelo, y siete millones de caricias esparcidas por el suelo del dormitorio. Salí de casa con la boca sangrando y escupiendo insultos que regalarte, pero se me fueron olvidando a mediada que aspiraba humo y cáncer.
Es entonces cuando pensé que las drogas nunca se dejan, que la vida siempre se acaba y que tienes la mejor y más brillante mirada del universo. Pensé que hoy, ni todos los cartones de Chester del mundo pueden matarme, pero tu sí. Y me reí de lo gilipollas que soy. Una enfermedad demasiado extendida, hoy en día.


Y creo que no tengo nada más que escribir.


Pero piensa en lo que más rabia te dé. Ese beso, esa caricia que no es tuya pero debería, esa lengua y la saliva con la que siempre acabas soñando pero jamás reconocerás porque a parte de desagradable suena patético, esa mirada cargada de odio que te dieron sin merecerlo, esa mirada de odio que merecías completamente y lo sabes. El latido de tu corazón a mil por hora cuando piensas en tu padre muerto, el amor enmascarado en muecas de asco y palabras malsonantes que te retumban en los oídos, la hipocresía en todas sus formas, el último single de Justin Bieber en por qué coño él es famoso y tu nunca lo serás. El tiempo y cómo pasa segundo a segundo, y tú no puedes dormir, y mañana te tienes que levantar a las siete; día a día, y no puedes vivir, y poco a poco ya tienes cuarenta tacos y dolores en la espalda. Las heridas de mierda que apenas sangran y que no deberían doler, pero te joden el día. Las bodas en las que vas sólo y todo el mundo lleva pareja. Sus ojos, y lo jodidamente preciosos que son. Todo esto que piensas y que nunca dirás, porque entonces serías un egoísta de mierda. La cantidad de gilipollas que hay en la vida. Lo gilipollas que llegas a ser tu. Las cosas que te matan poco a poco, lo que tu haces y acaba matándote. La mejor y más brillante mirada del universo. La vida, que siempre se acaba. Las drogas que nunca dejarás. Los insultos que te callaste y la sangre que te ahorraste. Las siete millones de caricias, los tacones, el pañuelo y el momento en el que los volviste a ver. Y, sobre todo, el después de la masacre.
Al final no todo es tan malo.

Dream on

Abrí los ojos.
“Es como si te despiertas un día en tu cama, y no sabes qué has soñado pero te quedan grabadas en la cabeza tres o cuatro imágenes. Y entonces reconstruyes el sueño a partir de eso, y decides si ha sido sueño o pesadilla.
Cuando desperté seis meses después me quedaron dos imágenes horribles, un beso bajo la lluvia, y un suspiro empañado con sudor. Relamí los recuerdos y me los tatué en la espalda, para no olvidarlos y no volverlos a ver. Mordí mis sábanas para arrancar el sueño y llevármelo a cualquier otra cama en la que durmiera. Y después, sonreí y pensé que había sido el mejor sueño de la historia.
Y al día siguiente, volví a verte. Ibas con una camiseta blanca, y yo con la mejor y más gilipollas de mis sonrisas. Haz una foto, dame un beso y vuelve a la cama, leí en tu mirada. Seguramente me equivoqué, pero es lo que hice y me sonreíste, como antes, como en el sueño. Pero ya no es el sueño, ya no es eso.
Ahora es mejor.”
Cuando parpadeé ya se había quedado dormida. Besé su mejilla, le dije que soñara cosas bonitas y me acosté. Y ya no he vuelto a soñar porque, ¿que falta me hace si está ella?